L A S  P R O F E C Í A S  M A Y A S :

 E L  T I E M P O  C I R C U L A R

   L A   D E S M E S U R A   I N V I S I B L E

  por www.maya.org

 

Bienvenidos a uno de los relatos más significativos de la tradición indígena mundial. El argumento parece clásico: aborígenes muy espirituales, españoles que los persiguen, y enseñanzas antiquísimas que siglos después son tomadas como novedades. Pero el final de esta historia es impredecible. Y no sólo eso: dicen que cada uno de nosotros tiene, de alguna manera, una parte del protagonismo. Porque el calendario de estos indios sobrenaturales llega a su fin en nuestra época, cargado de posibilidades demasiado enigmáticas como para desecharlas de antemano.

 

Me pareció muy útil indagar este tema a partir del enfoque de quien investiga desde la posición objetiva de un difusor, y no desde el compromiso que tiene un especialista con su verdad. Estos apuntes intentan identificar las profecías mayas más destacadas por 2 motivos fundamentales:

 

* Por un lado, investigar la voz maya en sí misma y ver qué nos dice de nuestra época. Tenemos la exacta “causalidad” de estar viviendo los años marcados como los últimos, antes del llamado Gran Cambio.

 

* Por otro –y es el que más me interesa en lo personal– nos sirve para reflexionar sobre la naturaleza de la existencia, del tiempo y de la misión colectiva de la humanidad, si es que tiene alguna. Es un camino válido para experimentar estrategias en la búsqueda de respuestas a por qué estamos acá, para qué, y hacia dónde vamos, si es que vamos a alguna parte.

 

Los mayas rendían un fervoroso culto a lo que nos resulta imperceptible: desde la energía de la mente y la conciencia hasta el movimiento de lejanísimos planetas; desde el paso del tiempo hasta un dios sin imagen, Hunab Ku. Incluso el lugar hacia donde habrían partido, se nos vuelve inhallable a nuestros ojos. Sólo nos quedan vestigios en la inmensidad de la selva y demasiadas interpretaciones, con las que los estudiosos modernos y los custodios de la tradición oral no terminan de ponerse de acuerdo.

 

Pensándolo bien, quizás esa misma afición por lo invisible pudo haber convertido a este pueblo en el líder americano de la escritura –disciplina que, como sabemos, hace visible aquello que no está, a través de la palabra escrita– como contrapartida en busca de equilibrio.

 

Hoy, el mundo de la materia mira a Mesoamérica, en virtud del matiz más sorprendente y “palpable” (no podía ser de otra manera) de su espiritualidad: los vaticinios que empiezan silenciosamente a cumplirse.

 

¿Cómo es posible que hace tantos siglos tuvieran un progreso tan marcado? ¿Es cierto que manejaban otro tipo de inteligencia que nada tiene que ver con la terrestre? ¿Abrieron las puertas hacia otra dimensión? ¿Ya enloquecimos o estamos haciéndolo de manera sutil y colectiva? ¿Estaremos intelectualizando un par de rastros perdidos en la historia, o ciertamente descifrando la información buscada? ¿Será que ansiamos sí o sí hallar las respuestas que ni la ciencia ni la religión nos han dado, y por lo tanto, elevamos estos preceptos indígenas a la categoría de verdad, con más necesidad que claridad?

 

Estamos de acuerdo en que el presente es un momento de convergencia extraordinario. Transitamos el tiempo que rodea al legendario 2012, año del que hablaban los sacerdotes mayas hace más de 5 milenios cuando crearon su propia cuenta del tiempo. La ocasión para explorarlo no puede ser mejor, indagando qué hubo “debajo” del cristianismo en nuestro continente.

 

Mientras escribo, recuerdo la ley de la polaridad. Estamos acostumbrados a ordenar las cosas según su opuesto: mal o bien, hombre o mujer, mentira o verdad, oscuridad o luz. Solemos declararnos “en pro de” o “en contra de”, creyendo que los polos se excluyen mutuamente. No comprendemos que, en realidad, cada actitud obcecada en pro o en contra de algo es una fijación, y como tal, impide que nos movamos libremente.

 

No entendemos que la luz necesita de la oscuridad para existir, que dentro de cada hombre hay rasgos femeninos, etc. Nos han enseñado las virtudes de elegir entre blanco o negro, cerrándonos a la posibilidad de ver que, en verdad, las cosas son mucho más grises de lo que imaginábamos. Si nos revisamos un poco, nos daremos cuenta de que estamos llenos de fijaciones, con una batería de argumentos listos para ser disparados contra “todo aquel que intente mover nuestros cimientos”.

 

Cualquier definición humana, dicen los sabios, puede expresar sólo una parte de la verdad. Para expresarla toda, necesito siempre considerar el polo opuesto.

 

En el resbaladizo mundo de las profecías, habrá quien cree y quien no, como en todo aquello en lo que el hombre siente que no tiene el control. A la luz de los vaticinios no cumplidos de la historia –que no han sido pocos–, esta última posibilidad parece bastante “lógica”, siguiendo con la costumbre de polarizar. Pero de los laberintos se sale por arriba: deberemos mantener una actitud suelta para movernos libres y así crecer en el propio juego de buscar conocimiento.

 

No me inquieta tanto lo que ocurra al final del 2012 o durante el 2013 a nivel geofísico como lo que pueda traer aparejado en cada conciencia. Este texto es un pretexto: lo que más me estimuló es el proceso de estructuración de este enfoque del tiempo –en las posibles variables que lo hacen lúcido, evolucionado, trascendente, y por extensión, con más posibilidades de abrirnos los ojos– diseñado por una de las civilizaciones más admirables de la historia humana. Gente conectada con lo auténtico, con lo que no pasa de moda; habitantes de un tiempo que parece el reverso de la era actual, absurda y fugaz como pocas.

Un cambio de libreto en la forma de percibir el mundo se vuelve necesario. Y el campo profético en sí es una imperdible alternativa de reflexión.

 

Nuestra sociedad exitista nos hace pensar en los resultados más que en las acciones que llevaron a él. Pero hagamos el camino inverso. Tomemos a las profecías como advertencias, analizándolas como si fueran puentes que nos trasladan desde lo establecido hasta un nivel de comprensión mayor.

 

 

LAS LLAMADAS "7" PROFECÍAS

 

El investigador Fernando Malkún clasifica el mundo profético maya en “7” vaticinios, sintetizados así:

 

"Primera" Profecía

 

Como vimos en la llamada Profecía del Fin de los Tiempos, establece que nuestro mundo-de la manera en que lo concebimos actualmente- entrará en una etapa de grandes cambios, marcando el año 2012 como fecha de término del Gran Ciclo de 5.125 años iniciado en el 3113 a.C. El sistema solar recibirá un rayo sincronizador del centro de la galaxia, que pondrá fin al materialismo. Antes de esa fecha, la humanidad deberá decidir entre desaparecer como especie que destruye su planeta o evolucionar hacia una nueva era de integración con el universo. Esta profecía habla del final del miedo, y establece que el proceso de grandes cambios será vivenciado por la humanidad para que comprendamos cómo funciona el universo y podamos avanzar hacia un nivel superior. Señala el tiempo del no-tiempo, el período de 20 años previos al 2012. En este lapso, nuestra raza entró en lo que ellos denominan “El Gran Salón de los Espejos”, en el que nos enfrentamos a nosotros mismos, analizándonos, y teniendo la posibilidad de cambio en nuestras manos. Se trata de una importante oportunidad de transmutación espiritual.

 

 

 

 

 

 

"Segunda" Profecía

 

Señala el eclipse de sol del 11 de agosto de 1999 como un momento clave, en el que la alineación en cruz cósmica con centro en la Tierra de casi todos los planetas acelerará el proceso de transformación de nuestro mundo.

Anuncia que la humanidad se encuentra en una etapa de transición hacia una nueva manera de percibir el universo, y que a partir de dicha fecha, las fuerzas de la naturaleza actuarán como catalizadoras de un serie de cambios acelerados y de enorme magnitud. Habrá cambios físicos en el Sol y en la Tierra, y el comportamiento psicológico de la humanidad se verá afectado. Revela también que si la mayoría de los hombres se sincroniza con la naturaleza, se neutralizarán los cambios drásticos que describen los siguientes vaticinios.

 

 

 

 

 

 

"Tercera" Profecía

 

Sostiene que una ola de calor aumentará la temperatura del planeta, produciendo cambios climáticos y sociales de importancia. ¿La razón? Los mayas se la atribuyen a la combinación de varios factores: algunos generados por el hombre –en su falta de sincronía con la naturaleza y sus manejos antiecológicos– y otros por efectos del Sol, al producir mayor irradiación por el aceleramiento de su actividad, aumentando su vibración.

 

 

 

 

 

 

"Cuarta" Profecía

 

Indica que el aumento de la temperatura del planeta hará posible el derretimiento de los polos. Las protecciones que tenemos a nivel planetario se están debilitando: el escudo electromagnético que nos cubre está disminuyendo su intensidad. El agujero de ozono, sin ir más lejos, permite la llegada de los rayos de Sol en forma más intensa a la superficie del planeta. Produce alteraciones del clima y aumenta la temperatura de los mares, contribuyendo al derretimiento más rápido de los casquetes polares.

 

 

 

 

 

 

"Quinta" Profecía

 

Los sistemas organizadores de nuestra sociedad sufrirán un caos, dejando de usarse el dinero como medio de intercambio. Según ellos, la economía del hombre está basada en principios de agresión, que resultan incompatibles con el nuevo tiempo que llega. Los medios informáticos colapsarán, y el aumento de la actividad del Sol agravará la situación, causando daños en los satélites. Nos dice que todos los sistemas basados en el miedo sobre los que está fundamentada nuestra civilización se transformarán junto con el planeta, para dar paso a una nueva armonía. La mente evolucionada será el “gran instrumento” de comunicación. Los sistemas religiosos también entrarán en crisis, surgiendo un solo camino espiritual para toda la humanidad, dejando de lado a “los dioses que infunden temor”.

 

 

 

 

 

 

"Sexta" Profecía

 

Advierte sobre la posibilidad de que un cometa ponga en peligro la existencia de la humanidad. Esto fue también anunciado por distintas culturas y religiones. Para los mayas, los cometas eran disparadores de cambios. Los consideraban potentes generadores de transformación, permitiendo la evolución de la conciencia colectiva. Si este cometa aparece, es posible que impacte contra la Tierra, salvo que una acción psíquica conjunta de las mentes humanas logre desviar su trayectoria, según aseguran. Los mayas dicen que tenemos que comprender los ritmos naturales para sincronizarnos con la armonía del universo. Si la conciencia humana se une más allá de las fronteras de los países en una profunda cooperación internacional, los procesos serán menos traumáticos.

 

 

 

 

 

 

"Séptima" Profecía

 

Indica la posibilidad del nacimiento de una nueva conciencia. En los 13 años que van desde 1999 hasta el 2012, todos los seres humanos tendrán la oportunidad de romper sus limitaciones, accediendo a una armónica manera de entender la vida en sociedad y comprendiendo la realidad más allá de sus sentidos. La luz emitida desde el centro de la galaxia sincronizará a todos los seres vivos, permitiendo una nueva realidad. El sistema solar saldrá de la Noche para entrar en el Amanecer de la galaxia. La mente del hombre evolucionará; quienes eleven su energía vital vibrarán más alto y tendrán, incluso, posibilidades de comunicarse a través del pensamiento. Se conformará un gobierno mundial armónico, con los seres más sabios y evolucionados del planeta: es alta la probabilidad de que se diluya el concepto de nacionalidad.

 

 

 

 

 

 

VATICINIOS

 

El tiempo para los mayas era un enorme círculo que avanzaba hacia atrás y hacia delante en forma simultánea. Era la respiración del universo, que también llevamos dentro cada uno de nosotros para evolucionar. Estaban convencidos de que la vida es un proceso de ciclos evolutivos, que conducen a posibilidades de mayor perfección. Así lo dejaron asentado en sus códices, en sus libros sagrados y en sus muros, y nos lo cuentan simbólicamente a través de sus profecías. Muchas de ellas resultan demasiado complejas, quedando el interesado a merced del significado que le otorgue cada investigador. En verdad, los textos sagrados nos ofrecen información que no es fácil de revelar, permitiendo diversas interpretaciones. Sugiero la lectura de “El libro de los libros de Chilam Balam”; en él, se pueden encontrar numerosas profecías, aunque no podrá eludirse su carácter hermético. Por ese motivo, el desafío fue reunir los conceptos proféticos más claros y difundidos por expertos respetados en todo el mundo. A continuación, revisaremos los vaticinios más trascendentes para los tiempos que corren, viendo que convergen varios de ellos entre sí:

 

 

PROFECÍA DEL "FIN DE LOS TIEMPOS"

 

Establece que, a partir de 1992, a la humanidad le quedan 20 años para realizar los cambios hacia otro nivel de conciencia. Transitamos durante esta etapa el último katún (20 años gregorianos), quedando fijada como fecha del fin de nuestro tiempo –tal como lo concebimos hoy– el 22 de diciembre de 2012.

(Cabe aclarar que, para algunos, la fecha es el 21 de diciembre de 2012, e incluso el momento del cambio lo sitúan en forma más marcada en el año 2013. Muchos sostienen que es muy difícil hacer una transpolación del calendario maya al gregoriano, en virtud de la inexactitud natural de éste. Con todo, el fin de este ciclo de miles de años no está representado por una hora exacta. Los investigadores más importantes toman la noche que une el día 21 con el 22 como el momento propicio.) Es una de las profecías que más inquieta a la humanidad, puesto que muchos la interpretan definitivamente como el final del mundo, “el acabóse”.

 

Como sabemos, los mayas toman como fecha inicial de su calendario la que corresponde al año 3113 a.C. según nuestra visión gregoriana del tiempo. Es el momento adjudicado al “nacimiento de Venus”. A partir de ese año, se inicia el Gran Ciclo de 5.125 años, cuyo punto final se da en el año 2012. Algunos expertos sitúan el inicio un año después, en el 3114 a.C., pero de todas maneras coinciden en su finalización en el año 2012. Esta profecía también nos dice que, en los años inmediatamente posteriores al inicio del mencionado katún final, es decir, a partir de 1992, comenzó una época de oscuridad más marcada, donde nos enfrentamos con nuestra propia forma de comportarnos. Según esta profecía, debemos prepararnos para el denominado “Gran Cambio Evolutivo”, que nos impulsará hacia una nueva etapa de crecimiento.

 

 

El Quinto Sol

 

La cosmogonía maya sostenía que habían pasado 4 edades hasta la actual época, cada una de los cuales había finalizado de manera abrupta. Al igual que otros pueblos indígenas, sostenían que la humanidad ya había vivido 4 grandes ciclos o soles. La primera de estas etapas habría sido Atlantis, cuyo conocimiento, tras la desaparición de ese mundo, habría sido depositado en el Antiguo Egipto y en el golfo de México. Ahora nos encontraríamos en el quinto y último ciclo, completando los casi 26.000 años de los que ya nos hablaban Pitágoras, Empédocles y tantos otros.


- Una manera de "leer" la vida cósmica

Los adelantos astronómicos les permitieron a los mayas asegurar que nuestro sistema solar se desplaza en una elipse que lo acerca y lo aleja del centro de la galaxia a través de ciclos.

 

La duración de ese ciclo es de 25.625 años, lapso denominado Jornada Cósmica o Galáctica, cuyo funcionamiento sería similar al día y la noche para nosotros: la mitad de ese tiempo, es decir, aproximadamente 12.812 años, es denominado el “día del cosmos”, cuando nos encontramos más cerca del centro de la galaxia. La otra mitad del recorrido, en la que estamos en la sombra, es la “noche del cosmos”. Cada “día” y cada “noche”, en lugar de durar 12 horas aproximadamente, duran 12.812 años, y se continúan como etapas constantes, una tras la otra. Esa Jornada Cósmica se divide en 5 ciclos de 5.125 años, según nuestro calendario:

 

1- Mañana Cósmica: Es una etapa de gestación. El sistema solar acaba de dejar la oscuridad para entrar en la luz.


2- Mediodía Cósmico: Es un período de desarrollo muy fuerte. La influencia del sol central de la galaxia es muy marcada.


3- Tarde Cósmica: La fuerza del sol central comienza a mermar.

 

4- Atardecer Cósmico: Representa la toma de conciencia acerca de lo que se ha hecho. La noche está próxima.

 

5- Noche Cósmica: Es la oscuridad que precede a un nuevo renacer, el último eslabón, anterior a otros 5 ciclos.

 

(En el Códice de Dresde dejaron registrado que cada 1.872.000 kines (es decir, aproximadamente 5.125 años gregorianos), el Sol sufre fuertes alteraciones, con erupciones de viento solar y manchas enormes. Cuando esto ocurre, el ser humano debe estar alerta porque es un presagio de cambio muy marcado.)

 

Esta profecía dice que nuestro sistema solar empezó a salir de la Noche Cósmica para entrar en una nueva Mañana. Sobre el final de cada ciclo de 5.125 años, el Sol central de la galaxia emite un potentísimo rayo de luz que sincroniza todos los planetas, iluminando todo el universo. Ese resplandor dura 20 años, marcando una transición. En nuestro caso, desde el año 1992 hasta el 2012. Es un momento evolutivo sin precedentes, donde transitamos un no-tiempo, con la posibilidad de definir nuestro futuro. Es una energía que aumenta y acelera la vibración en todo el universo, transformando las emociones y los pensamientos del hombre, para conducirlo a una mayor perfección. Si bien se habla de la desaparición de la humanidad como especie pensante en caso de no entender el cambio de mentalidad que debemos dar, muchos se inclinan a comprenderlo como un escalón a subir, una gran oportunidad para evolucionar, o bien de quedarnos estancados. La humanidad tendría la gran posibilidad de regenerarse espiritualmente, elevando su conciencia. Podría tener su lugar el verdadero progreso, tan buscado en disciplinas científicas. Los mayas vaticinaron también que las palabras de sus sacerdotes serían escuchadas como una especie de guía para el despertar, y lo cierto es que la “oleada maya” ha ido creciendo en forma exponencial en esta época. Basta ver la cantidad de libros y sitios de internet sobre el tema para darnos cuenta de que la “vuelta” parece instalada definitivamente.

 

 

PROFECÍA DEL LAGO TITICACA

 

La tradición oral maya nos habla de la energía interior del planeta y cómo a través de ciclos va coincidiendo con distintos lugares de poder a lo largo de la historia.

 

Consta de ciclos de aproximadamente 3.600 años. Según explican, esta energía contenida en las entrañas de la Tierra se mueve a través de las zonas montañosas y cordilleras, fluyendo como si lo hiciera dentro de una columna vertebral. A su paso, va generando cambios mediante procesos vibratorios que terminan armonizando la zona afectada. Actúa como un epicentro energético, fluyendo desde allí hacia otras direcciones. Nos cuentan que a partir del siglo XVII a.C. la energía comenzó a ubicarse en la legendaria tierra del Tibet, pasando en la segunda mitad del siglo XX (coincidiendo con la invasión china) hacia América, siguiendo la cordillera del Himalaya y el estrecho de Bering. Comenzó a “bajar” desde Alaska a EE.UU. y Centroamérica, para finalmente ubicarse, según la voz maya, en la zona del Altiplano andino, en las inmediaciones del lago Titicaca. Este suceso está previsto para el lapso comprendido aproximadamente entre los años 2010 y 2015. Allí permanecería por otros 3.600 años. No hace falta recordar los hechos que han rodeado al continente durante las últimas décadas a lo largo de la zona de Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú, como ejemplos de “energías movilizadas” y oscura antesala de la época de armonía que augura este vaticinio.

 

 

PROFECÍA DE LOS TIKÚ

 

El calendario Tikú se basa en movimientos de 52 años (cifra de trascendencia, tal como veremos en el próximo Capítulo) y está dividido en 2 ciclos: el llamado Oxlajuj Tikú (13 períodos de 52 = 676 años) y el Bolom Tikú (9 períodos de 52 = 468 años).

 

El Oxlajuj Tikú, conocido como Los Trece Cielos, es un ciclo positivo en el que impera el conocimiento y la armonía, mientras el Bolom Tikú -Los Nueve Infiernos- es negativo y está regido por el oscurantismo, el egoísmo y el materialismo. Situémonos en la historia. Se afirma que el inicio del último Bolom Tikú coincidió con la invasión española el 17 de agosto de 1519. Hernán Cortés, su alma mater, fue llamado “el señor de la gran noche oscura”. La profecía indicaba que no debía resistirse la voz de los tiempos, ya que el exterminio de todas maneras iba a tener lugar. Este período de oscuridad terminó la noche del 16 de agosto de 1987 (468 años después), siguiendo 5 años de transición hasta el 17 de agosto de 1992, cuando comenzó el Oxlajuj Tikú. Un resurgimiento del mundo ancestral fue vaticinado para esta época, no sólo por los mayas, sino también por las distintas culturas originarias de América y –según confirman algunas voces de la tradición oral– por profecías orientales. A nuestro continente le habría llegado el momento de marcar importantes pautas espirituales para la humanidad.

 

(Para muchos, la andanada mística de la New Age, aunque con mucho todavía por pulir, sería una sutil manifestación del arribo del Oxlajuj Tikú, y un gran rasgo a favor de un futuro tiempo de evolución y orden natural.) Pero, a su vez, los 9 años inmediatamente posteriores a esa fecha, reunidos en un ciclo llamado “de gestación” –como un embarazo, aunque en otra escala de tiempo– traen aparejados desórdenes de todo tipo, precediendo la llegada de un tiempo mejor. A partir del año 2001, van madurando las nuevas características a lo largo de los primeros 13 años, hasta su total asentamiento. (Es importante tener en cuenta la relatividad de las fechas: se determinan para bajar la información a un nivel de comprensión ordinario y permitirnos cuantificar de alguna manera los períodos, pero sería equivocado aferrarse a ultranza a la exactitud de su cumplimiento, ya que estamos hablando de aseveraciones con miles de años de antigüedad.) La siguiente profecía nos habla de este calendario desde la óptica de uno de los investigadores más conocidos y polémicos del mundo maya.

 

 

PROFECÍA DE LA CONVERGENCIA ARMÓNICA

 

José Argüelles, historiador, filósofo y activista por la transformación planetaria de la conciencia, explica que la llamada “Convergencia Armónica” fue una revelación profética de la ciencia del tiempo maya. Consistió en el cumplimiento de la antigua profecía mexicana de los 13 Cielos y los 9 Infiernos. Según nos explica, en esencia establecía que si 144.000 humanos se reunían en lugares sagrados de todo el mundo el 16-17 de agosto de 1987 a una hora determinada, darían su impulso a nuestra civilización para que entrara definitivamente en una era que tendría a la paz como denominador común. Este hecho, en realidad, marcó la apertura de los 25 años finales del Gran Ciclo Maya de 13 baktunes (3113 a.C. - 2012 d.C.), situándose exactamente el día en que finalizó el período oscurantista del Bolom Tikú, tal cual vimos en la profecía anterior. Agrega Argüelles que la profecía de la Convergencia Armónica también decreta que la paz llegará sólo si la humanidad abandona el materialismo y vuelve a vivir en armonía con la naturaleza. Caso contrario, se producirá una catástrofe mundial antes de la finalización del ciclo de los 13 baktunes. Abandonando en función de esto el estilo de vida materialista convencional, Argüelles y los implicados en el proyecto descubren, en diciembre de 1989, las frecuencias de tiempo 12:60 – 13:20. ¿Qué es esto? Según explican, la galaxia es gobernada por una sola frecuencia de tiempo que desciende directamente hasta su estructura atómica.

12:60 es la frecuencia de tiempo en la que vive inmersa la humanidad. El número 12 refiere al calendario gregoriano/babilónico compuesto de 12 meses, con 60 minutos cada hora. Para estos investigadores, es una frecuencia artificial y falsa, sólo adoptada por la especie humana.

 

13:20, en cambio, se refiere a 13 tonos galácticos y 20 frecuencias solares, codificados como el Tzolkin o período de 260 días del calendario sagrado.

El descubrimiento de este error dio la pauta acerca de cómo la humanidad podía regresar a la naturaleza. Si el error estaba contenido en su calendario, entonces el primer paso sería reemplazarlo por otro, cuya frecuencia sea la correcta, es decir, 13:20.

 

De esta manera, surgió la llamada Estrategia Galáctica del Movimiento Pacífico de Cambio al Calendario de las 13 Lunas. De acuerdo con esta idea, el reemplazo del calendario gregoriano de 12 meses por el calendario biológicamente preciso de 13 lunas cumpliría los requisitos para asegurar que la humanidad terminara el ciclo de baktunes en armonía. (Las mujeres llevan este ciclo dentro de su cuerpo: 13 veces al año, cada 28 días.)

En 1993 entramos en el ciclo profético siguiente, llamado por él “Telektonón”.

 

 

PROFECÍA DE PACAL VOTAN: EL “TELEKTONÓN”

 

El sacerdote Pacal, gobernante de Palenque, Chiapas, México, fue adorado como Quetzalcóatl (serpiente emplumada), y era considerado el dador de la sabiduría, el calendario y las artes. Argüelles argumenta que, en el inquietante sepulcro de este sacerdote en Palenque, se encuentra el llamado Tubo por el que habla el Espíritu Terrestre o "Telektonón". Se trata de un tubo oracular cuya ubicación conduce desde el piso del santuario, en la cúspide misma del Templo de las Inscripciones, hasta la tumba. Afirma que el propósito del "Telektonón" es vencer el poder del tiempo falso y restaurar el verdadero. Según esta profecía, el lapso que coincide con los últimos 7 años del milenio, es decir, desde 1993 al 2000, han constituido la posibilidad de iniciar el final del falso tiempo, el tiempo del apocalipsis. Durante estos años, la humanidad pudo emprender el camino para reemplazar el falso calendario compuesto de 12 meses por el de las 13 lunas, de acuerdo a lo expresado por Argüelles. Así, el investigador emprendió una cruzada internacional para la toma de conciencia, un llamado a la unidad denominado “Pax Biosférica”. Estos 7 años estarían en consonancia con los 7 sellos del Apocalipsis.

 

Sugiero la lectura del mencionado libro de Argüelles para profundizar la visión del tiempo y los alcances propuestos por él.

 

-("Juegos" numéricos: Argüelles sostiene que las funciones 12:60 y 13:20 aparecen secretamente referenciadas por Pacal de la siguiente manera: 1260 años pasaron entre la creación de su tumba (año 692 d.C.) y la apertura de la misma (año 1952), mientras que señala que hubo exactamente 1320 años entre esa misma fecha de construcción de su bóveda y el año del llamado "fin del tiempo", el mítico año 2012. Además, recuerda que el tiempo de poder de Pacal fue un ciclo de 52 años (desde el año 631 d.C. hasta su deceso, en el año 683 d.C.), siendo ésta, "casualmente", una cifra clave para los mayas.)

Comenzaría, entonces, la era de itzá, la edad del conocimiento. La cultura maya renacería, y la humanidad comenzaría a despertar su cuerpo de luz dormido, al recibir la energía de Hunab-Ku, el corazón de la galaxia. Los chamanes dicen que en estos años iremos descifrando y entendiendo sus calendarios sagrados y sus jeroglíficos, resucitando la sabiduría del conocimiento indígena.

 

 

PROFECÍA DE LA LLEGADA DEL DALAI LAMA

 

En 1475, el llamado Consejo Supremo de los mayas se reunió en Wenk´al, revelando que comenzaría un período de oscuridad que tendría a la llegada de los conquistadores como punto inicial de significación. Deberían esperarse 520 años desde el momento de la reunión, para que el mundo maya vuelva a ser respetado. Dicho período finalizó en 1995, y fue paralelo al Bolom Tikú, aunque con 52 años más de vigencia en total (ya que, como vimos, el ciclo de los Nueve Infiernos tuvo una duración de 468 años, iniciándose en 1519 y terminando en 1987). La cifra 520 se compuso sumando 2 veces los 13 períodos de 20 años, es decir, 260 multiplicado por 2. En el Concilio también se vaticinó lo siguiente:

 

"Un hermano de tierras lejanas llegará a la tierra maya vestido con los colores del Sol, para recordar el compromiso con el creador y despertar a quienes permanecieron dormidos durante los años de oscuridad”.

 

Efectivamente, la antigua profecía se cumplió: Su Santidad, el Dalai Lama –líder espiritual del Tibet– llegó al Mayab hacia el final de ese período, vistiendo sus clásicos colores. Para los sacerdotes mayas fue un momento en el que la humanidad confirmó su entrada en el camino de la luz, asegurando que los maestros reencarnados de la nueva era estaban sumando su esfuerzo para armonizar la Tierra.

 

 

PROFECÍA DEL “DÍA OSCURO”

 

En el Códice de Dresde se hace referencia a un eclipse total, solar y lunar, que ocurriría el 11 de julio de 1991. Aquella jornada en México, el día se convirtió en noche.

 

Este hecho coincidió con extraños objetos vistos en el cielo por miles de personas, quienes grabaron las evidencias con sus cámaras. No sólo fueron filmados en México D.F., sino también en Puebla, una ciudad cercana al volcán Popocatopetl. Habrían permanecido en el aire durante varios minutos, junto al Sol.

 

Según el Códice de Dresde, el suceso estelar anunciaría el comienzo de una etapa de conexión de la humanidad con la sabiduría cósmica, “en forma de encuentros con los maestros venidos de las estrellas”. Resultó tan significativo que la Universidad Nacional Autónoma de México decidió incluirlo en su programa habitual de acuñación de medallas conmemorativas, creando una pieza representativa del suceso.

 

- Algunos interesados en la consonancia de números, aportan el dato de que la oscuridad de este eclipse cayó sobre la metrópoli exactamente 666 años (triple 6) después de la fundación de Tenochtitlán en 1325, sobre cuyas ruinas se construyó la ciudad de México.

 

 

 

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